El control en el paso fronterizo es muy estricto. Apenas se llega al retén, la policía obliga al conductor a frenar su marcha y presentar los documentos ante las autoridades migratorias. Una vez sellado el pasaporte, se puede continuar el viaje y dejar Panamá para ingresar a la “república de Chiriquí… “.
Aunque esto es solo fantasía, el regionalismo chiricano –famoso en todo el país– genera antipatía y fascinación por partes iguales.
Pero también hubo quien lo tomó a broma. Un ejemplo de ello es el número de chistes sobre chiricanos que circulan en internet. Uno dice “¿Por qué los chiricanos no usan paracaídas? Porque de todas maneras siempre caen mal”. Y para su vecinos, caen peor si sus equipos salen campeones del béisbol nacional, como ocurrió anoche.
Pero los historiadores y sociólogos de esa provincia están convencidos de que ese regionalismo y orgullo por su tierra les ha servido para hacerse respetar cuando ha sido necesario. Hace dos años, cuando los productores chiricanos marcharon por las calles de David en rechazo de la negociación del tratado de libre comercio (TLC) con Estados Unidos, se aferraron con todo a su vocación regionalista.
Le dijeron al Gobierno que no se podía abrir las fronteras a un país que derrama en subsidios millonarios a sus productores. El resultado fue una negociación –que finalizó a finales de 2006– que les dejó una certeza: podrán seguir produciendo arroz, carne café, azúcar, frijoles, leche y legumbres.
Era imposible que esos productores –muchos de ellos descritos a la perfección por el poeta Santiago Anguizola– traicionaran su vocación altiva y se quedaran callados.
Las cifras
Hasta 1993, nadie había medido el impacto del regionalismo. Lo hizo la socióloga Carola Coriat, quien aseguró que el pueblo chiricano desarrolló en forma positiva su orgullo, sin que haya un sentimiento extremo de rechazo a lo foráneo.
Coriat hizo encuestas en Bugaba, Boquete, David y Renacimiento para saber cuáles eran los motivos del marcado regionalismo. El 37% señaló que la lucha contra el aislamiento y el centralismo, históricamente son las dos causas principales. El 11%, en cambio, dijo que su orgullo se debía a la fertilidad de sus suelos.
Un 62% escogió a Santiago Anguizola Delgado como el personaje más importante de la provincia. Completan el podio José de Obaldía, el creador político del lugar, y la poetisa María Olimpia de Obaldía.
Pero un 11% consideró que el regionalismo no es positivo y otro 25% destacó que es bueno si inspira a la población a superarse y desarrollarse.
Luis Quintero, un octogenario productor agrícola, dijo que su mayor satisfacción fue trabajar en el campo: “A mí me sacaban mis toros de las competencias de calidad rápidamente al principio. Hoy tengo más de 20 años de ganar premios, y no me canso”, recordó.
En tanto, el 96% remarcó que Chiriquí tiene mejores recursos que las demás provincias. ¿Otra razón para pensar que los chiricanos se creen la “elite” del país? Para nada. Después de todo, a quién no le gusta que hablen bien de su tierra.
Una historia de enfrentamientos deportivos
El último viernes, durante la transmisión del cuarto juego de la gran final del béisbol juvenil, en la casa de Jaime González un grupo de amigos decidió por “unanimidad” bajar el volumen del televisor y escuchar las emisoras chiricanas que transmitían el partido.
“El comentarista Merón es una insignia de Metro y preferimos escuchar a nuestros narradores, que lo hacen mejor, sufren igual que nosotros si perdemos, y celebran si ganamos”, dijo González.
El historiador chiricano Mario Molina señaló que la distancia entre Chiriquí y la capital hizo necesaria la evolución de una mentalidad independiente de sus ciudadanos en los albores de la República. “Después vinieron nuestros poetas a resaltar las bondades de la provincia, al igual que nuestros deportistas”, señaló.
Pero el historiador aclara: “cuando la patria nos llamó, fuimos los primeros en contestar”, dijo. Molina recordó, en ese sentido, que ellos defendieron al país frente a la invasión de Coto por parte de Costa Rica y lucharon en la Guerra de los mil días.
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